La marcha del ser humano entre la tribu y la sociedad


Guardianes y Guerreros de la Montaña

viernes, 9 de marzo de 2012

El último acto


Creo que fue Platón quien dijo que sólo los sabios pueden acceder a la verdad, mientras que los no sabios sólo pueden tener opinión. Estas palabras, descontextualizadas del resto de su pensamiento, parecen hoy autoritarias y no resuelven la cuestión de quién es sabio y quién no, a efectos prácticos del gobierno y administración de los asuntos humanos y no humanos. O lo que es lo mismo, quién otorga el “título” o “certificado” de sabio que reviste a un presunto individuo de legitimidad y autoridad, según su pensamiento

Puesto que soy, en términos generales, un ignorante del pensamiento clásico, supongo que si los sabios son los capaces de percibir la realidad y no las sombras (apariencias) que se proyectan en el interior de la caverna (la realidad aparente en la que vivimos), se reconocerán ellos mismos, según la mentalidad de Platón, mediante el intercambio de información sobre sus experiencias, del mismo modo que en el Buddhadharma se dice que los despertados se reconocen entre sí, con la salvedad de que la “verdad” o “realidad última” sigue vedada, pues tan sólo queda expédito el acceso a la experiencia cruda que nuestro sistema sensorial puede captar, que será distinta a la captada, por ejemplo, por una mosca, a sabiendas de que los animales no pueden despertar – ni falta que les hace – por la sencilla razón de que nunca estuvieron dormidos o contaminados por una identidad distorsionante

Entendida la “verdad” de este modo, y puesto que no aceptamos el gobierno de un sabio o perceptor de la última realidad accesible al ser humano por el mero hecho de que se atribuya tal facultad (un dictador platónico) ni tampoco la dirección de un grupo de presuntos sabios que recíprocamente se certifican su sabiduría y aseveran sobre la misma a la mayoría de los no sabios (una oligarquía platónica) nos decantamos por el gobierno de todos, la democracia, en el entendimiento de que reconocemos nuestro criterio sobre cómo hay que regir la sociedad sólo como opinión y prevalece la opinión mayoritaria.  ¿Gobierno de todos?

No. Salvo pocos casos muy aislados de pequeñas comunidades que se rigen por el principio asambleario, en los “trozos” de ese pastel que denominamos “civilización” (los estados y sus subdivisiones territoriales) no elegimos por mayoría lo que hay que hacer, sino a quienes decidirán lo que hay que hacer.  ¿Correcto?

Pues tampoco, y no necesito recurrir a muchos detalles para demostrarlo, basta con hacer somera referencia a la realidad socioeconómica que estamos viviendo, que puede compararse con etapas muy similares del pasado siglo en la que los gobernantes se enfrentaron a situaciones similares con bastante más tino, pese no contar con tantas referencias en los precedentes históricos. ¿Significa eso que los gobernantes son tontos, o que aprobaron Historia copiando?

En mi modesta opinión, ya que no soy sabio – nunca mejor dicho -, significa simplemente que los gobernantes no gobiernan, o al menos no gobiernan para el conjunto de la población que supuestamente sustenta su poder. Ahora los trozos del pastel se han derretido, se pegan unos con otros formando una masa gelatinosa uniforme. Y si esto es así, ¿cómo es posible que el sistema se sostenga?

Creo que, por el momento, el sistema se sostiene porque los gobernantes fingen que gobiernan y los gobernados seguimos actuando como si nos creyéramos el cuento.  Los gobernantes mejor intencionados se resignan a gestionar los pequeños recodos que los poderes reales no han usucapido aún, ya sea por cuestión de tiempo o de indiferencia. Y los demás, simplemente se preocupan por su trozo de pastel individual, que sigue siendo abundante y jugoso en comparación con el de sus súbditos, que por su parte están demasiado ocupados conservando lo que les queda de pastel como para dejar de fingir que se creen la trama de la obra de teatro

Y lo paradójico de esta historia es que hemos llegado al gobierno de una oligarquía, pero no una oligarquía de sabios, sino una oligarquía no electa que sólo se diferencia de los gobernados por tener más dinero, esa unidad de medida con la que la sociedad valora la vida. Y por ende, más poder

¿Significa esto que opino que habría que derivar hacia sistemas de gobierno de pequeñas comunidades de forma asamblearia, tal y como se está ensayando en diversos países con éxito variable? Ni siquiera yo mismo estoy seguro, pues he tenido alguna experiencia en la materia y he podido comprobar cómo funcionan las identidades en experimentos como ese, cómo entra en juego la intimidación y cómo los que más gritan imponen su voluntad

Esta es precisamente la cuestión. La identidad. Creo que, junto con los maestros budistas, los políticos son los que más saben de identidades. De hecho, viven profesionalmente de ellas. A veces de forma consciente y otras inconscientemente, como hacemos todos, saben perfectamente qué “botones” psicológicos deben pulsar para manipular a las personas a fin de alcanzar sus objetivos (o los objetivos de sus patrocinadores). Los publicistas no lo hacen mejor. Con frases simplonas, repetitivas y machaconas, aunque aparentemente sólo aptas para seducir a cerebros con electroencefalograma plano, activan la codicia, la hostilidad, la confusión, el miedo a la exclusión y a la estigmatización, reforzando un falso sentido tribal y enfocando o desviando la atención dónde y cuando conviene

¿Y por qué suelto todo este “rollo”?

Si alguien ha leído entradas anteriores de este blog… y lo que es más difícil, si alguien sigue leyendo este blog (improbable, habida cuenta del tiempo que hace que no escribo nada y de lo poco que he escrito en el año pasado y en lo que va de este), es posible que piense que me estoy frotando las manos de satisfacción al comprobar la depresión económica global, teniendo en cuenta anteriores publicaciones sobre lo que llamé el “decrecimiento sostenido”, con el que simpatizaba y sigo simpatizando en aras de la supervivencia, al menos de la Naturaleza

Pues no. Estoy muy lejos de frotarme las manos. Cierto es que todo parece indicar que ahora el decrecimiento está servido, no promovido sino espontánea y paradójicamente causado por la codicia, que partiendo de una especulación desaforada ha reventado, de momento en la llamada civilización europea – occidental, el modo productivo de las identidades humanas. Y aprovechando el tirón, ese temido monstruo omnipotente que se esconde bajo el denominativo de “los mercados” ha conseguido imponerse al sistema democrático – representativo de toma de decisiones, creando una oligarquía que ni Platón pudo imaginar. Nada de “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Gobierno de unas identidades, por y para sí mismas. En realidad siempre fue así, desde finales del Paleolítico, pero ahora es mucho más visible y notorio. Ya casi no es necesario ni el disimulo, porque esa oligarquía está consiguiendo no sólo imponer su voluntad, sino sembrar un paradigma, y eso me preocupa sobremanera, porque ante una opinión mayoritaria, se puede estar a favor o en contra, pero frente a un paradigma, se es hereje, bruja o loco

La naturaleza, la supervivencia, no está mejor hoy que ayer, por varios motivos. En primer lugar, porque una depresión no significa necesariamente que se produce menos, y por consiguiente se contamina menos, se deforesta menos y se atenta menos contra la biodiversidad. En términos de contabilidad macroeconómica puede significar, simplemente, que ha descendido la valuación de lo que se produce.

En segundo lugar, no es seguro que el decrecimiento sea espontáneo. No me gusta dar pábulo a las teorías conspirativas, pero es un hecho la filtración, en el pasado, desde cierta institución privada supranacional, de documentos en los que hombres poderosos vaticinaban el necesario final del crecimiento económico y plasmaban posibles estrategias para conservar e incluso acrecentar su poder y su preeminencia económica haciendo que “decrezcan los demás”, de tal modo que se conserven, en el decrecimiento, las desigualdades que se forjaron en el crecimiento

Desde que a alguien se le ocurrió sembrar una semilla de cereal y/o domesticar y criar ganado, inventando lo que pomposamente llamamos producción (como si fuéramos “alguien” capaz de producir algo), excedentes de producción han permitido excedentes de población, que a su vez, con ilusoria apropiación del ecosistema, han dado lugar a nuevos excedentes de producción, y así sucesivamente, alimentando una vorágine que permanece en nuestros días, en una trayectoria sólo desviada por pandemias, guerras y hambrunas, y es harto discutible que este proceso, que ha destrozado la Naturaleza, haya redundado en maximizar lo que denominamos “calidad de vida” (de “nuestra” vida, claro). Y sí, soy de la ínfima minoría de locos, herejes y brujas que opina, a la vista de la depresión económica en buena parte de Europa y de los “dientes de sierra” que empiezan a perfilarse en el crecimiento económico de otras áreas del planeta, que tal vez estemos confundiendo lo que parece el inicio de una recesión con el primer vislumbre del final del crecimiento global. Pero no por ello descorcho una botella de champán en un claro del bosque celebrando una aparente tregua con la naturaleza, eufórico como un druida

Mientras persistan las identidades, el decrecimiento será dañino como lo ha sido el crecimiento. Los brotes de decrecimiento del pasado no sólo han sido dañinos, han sido muy sangrientos para la humanidad y para el resto de seres vivos.  En defecto de la ausencia de identidades, mientras el decrecimiento no sea razonablemente acordado, sino interesadamente dirigido, la Naturaleza seguirá igualmente amenazada. Simplemente puede ocurrir, por aportar una imagen fácilmente comprensible en el trozo de pastel en el que estoy pegado (mi país) que habrá muchos más desocupados contemplando las mismas obras. Es más, no sólo debería ser razonablemente acordado, sino inegoístamente acordado y diseñado, para no esquilmar más a la Tierra. Es demasiado pedir, ¿verdad?

Lo más triste es que, después de soltar este “paquete”, tengo que añadir que no tengo recetas. Ni siquiera he tenido mucho éxito, al menos por el momento, en la lucha contra mi propia estupidez, de modo que no tengo reproches que hacer a nadie en particular. Cierto es que hay una pandemia de estupidez, pero también pienso que, con identidad, todos podemos batir records de estupidez si se nos da la oportunidad. Por tanto, ni siquiera puedo permitirme hacerle reproches a la oligarquía

Lo único que se me ocurre es seguir intentando liberarme de la tiranía, no ya de los mercados, sino de este parásito que llamamos “identidad” para poder vivir  la naturaleza, por la naturaleza y para la naturaleza de todos los seres sensibles, como el resto de criaturas vivientes. Y así dejaré de creer, supongo, no sólo que tengo un trozo de pastel, sino que este pastel existe, y que hay alguien capaz de saborearlo

Entretanto, como modesto opinador en el sentido platónico, más bien, como brujo, hereje y loco contemporáneo, haré un esfuerzo para seguir escribiendo, pese a mi falta de entusiasmo. Para que en beneficio de la naturaleza, al menos (es posible que la humanidad ya sea un caso perdido), la opinión dominante no se convierta en paradigma

domingo, 26 de junio de 2011

Ecuanimidad


De intenciones desviadas no pueden surgir acciones rectas, del mismo modo que de actitudes erróenas no manan intenciones conformes con los procesos naturales. pero en las raras ocasiones en las que algo surge de una precisa inspiración, es difícil destrozarlo

No obstente, el siguiente video, que inserto aqúi con todos mis respetos hacia Johann Pachelbell, hacia todos los clásicos y sus seguidores, deber ser reproducido, por si acaso, con una buena dosis de ecuanimidad. No es que no me guste, sino que, en mi modesta opinión, ya no transmite lo mismo, lo que no significa que sea malo en absoluto


En suma, creo que lo recto perdura, pese a los tropiezos, como el suelo que nos contiene cuando caemos, la brújula que siempre señala hacia el norte, y el Maestro que prosigue su labor pese a la indiferencia. Mañana, con toda probabilidad volverá a salir el sol, y... el espectáculo debe continuar. Que la rueda siga girando

Benevolencia

martes, 19 de abril de 2011

Nahuales, animales e identidades

En antropología se utiliza el término “nahual” para referirse a una creencia  peculiar de las culturas mesoamericanas, principalmente las localizadas en México, aunque por extensión se ha generalizado el concepto para aludir a aspectos parciales de las cosmovisiones animistas y a prácticas del chamanismo en toda la Tierra. Precisamente el término “chamán” es otro caso de extensión terminológica recurrente en antropología,  basado en una palabra procedente de Siberia y en la idea que ésta representaba en su cultura original

Con permiso de Carlos Castaneda y de su reinterpretación del término, y sin ánimo de aportar un riguroso tratamiento del mismo, innecesario para el propósito de esta entrada, “nahual” (y nagual, en transcripción al castellano) sirve para denominar, o bien a una especie de espíritu animal asociado a cada ser humano desde el nacimiento – con el que comparte ciertas cualidades o habilidades – o bien a alguien que tiene la facultad de asumir las habilidades propias de determinado animal (incluso planta en algunas culturas) e incluso transformarse por completo en un animal. Esta última es, precisamente,  la acepción más popular del término

Recuerdo que en cierta ocasión, junto con otros condiscípulos, participé en un curioso experimento. No recuerdo el contexto teórico en el que lo realizamos, aunque creo que fue con ocasión de recibir enseñanzas sobre el celo de la naturaleza, sobre Shen o sobre la fuerza de la vida. El caso es que, como resultado, todos nos sentimos, en mayor o menor medida, como un águila en vuelo, con resultados dispares según los practicantes. En mi caso sentí el rozamiento con el aire y sus corrientes, que utilizaba para navegar, y el impulso de mover los extremos de las alas para dirigir el planeo. Famosas son las anécdotas de otros compañeros y compañeras que veían el paisaje bajo su vuelo, y sobre todo el de una compañera que incluso atacó a un conejo

Por seguir hablando de animales, seguramente muchos lectores, al llegar a este punto, pensarán que estamos como una chota, y tienen razón. Estamos como una chota. Pero lo bueno es que sabemos que estamos como una chota

En efecto, se trataba de un experimento controlado y dirigido, y no tiene nada de mágico, al menos en el uso habitual de la expresión: simplemente un poco de memoria genética, bajo el impulso de la fuerza de la vida y sus derivaciones y con huecos cubiertos por la imaginación

El cine también ha popularizado prácticas de la amazonia en las que se experimenta, con ayuda de ciertas drogas, una transformación en animales. Bajo el influjo de la sustancia, el practicante siente realmente que se transforma en un animal

En algunas contemplaciones se pierden las referencias convencionales  para distinguir la fuerza de la vida de uno mismo “self” de la de otras criaturas vivas, y por eso, por experiencia propia y por lo que encuentro en el acervo cultural, se me ocurre que, tal vez, estas prácticas y creencias de lo que denominamos animismo y chamanismo proceden de una etapa todavía temprana en la génesis de la identidad, cuando la delusión de la separación ya tendía su venenosa cortina ocultando la fusión en la Naturaleza, pero su efecto todavía no era completo

Y es que casi podemos reconstruir el proceso: una vez que el ser humano hizo acopio de suficientes signos, de suficientes palabras para que pudiera arraigarse la delusión de la dualidad, por extraña que parezca esta aseveración no encuentro diferencias sustanciales entre creerse un ser humano separado o creerse un coyote, un águila, o un bisonte, por poner un ejemplo. La propia delusión de la transformación en plantas o animales parece indicio de una etapa intermedia entre el ser humano sin identidad y lo que ahora somos, o creemos que somos

¿También estaban y están los “nahuales” como una chota? Claro que sí. ¿Lo sabían… lo saben? No me siento digno de responder a esta pregunta
¿Y qué ocurre aquí y ahora con nosotros, que observamos estas – y otras -  creencias y prácticas con el aire de suficiencia y la pose de superioridad que hemos heredado de la civilización y de los miles de años de identidad que circulan en nuestra sangre y se han enquistado en nuestro código genético y en nuestra memoria?

¿Crees que eres un ser separado, aislado de la Naturaleza y del resto de seres vivientes? ¿Crees que eres fontanero, agricultor, profesor de Universidad, arquitecto, obrero, futbolista? ¿Crees que eres socialista, liberal, anarquista, fascista? ¿Crees que eres católico, budista, mormón, cienciólogo? ¿Crees que eres machista, feminista o mediopensionista, guapo o guapa, afortunado/a, introvertido/a, místico/a o idealista? ¿Te “autoidentificas como” y/ te “identificas con” lo que parece un área determinada de la realidad, independientemente de su apariencia objetiva o ideal?

En otras palabras: ¿Te crees tu perfil en este juego de rol?

Pues lo siento, pero también estás como una chota. Si al menos sabes que estás como una chota, enhorabuena

Imagen: transformación en águila de chamán olmeca, siglos X a VI A.C según Wikipedia

jueves, 17 de marzo de 2011

Ku xin shan

Dicen que un blog es como el cuaderno de bitácora de un barco, ese en el que el capitán va dejando constancia, a diario, de los datos pertinentes a la navegación y de sus vicisitudes. Al menos así fueron concebidos en su origen

Supongo que quienes se han molestado en leer esta bitácora en el pasado pueden haber pensado que el buque ha encallado. En el mejor de los casos, si todavía queda algún lector paciente pensará que ha estado en dique seco, pues hacía tiempo que no escribía nada y además ha mermado ostensiblemente mi ritmo de publicaciones. Cierto es y no cabe justificación alguna. Lo que sigue no es, por tanto, ni siquiera un vano intento por mi parte de explicar mi ausencia

Bueno: vamos al asunto que hoy me traía a esta publicación

Querida Ku xin shan/ Sherab Chödron/Ninette: en primer lugar debo admitir que me siento un tanto extraño dirigiéndome a ti, de tu a tu, cuando no hay identidad a la que dirigirme. Pero prefiero por ahora seguir con esta familiaridad, a la que estaba muy acostumbrado, pues no sabría como tratar a la inmensidad del universo en el que se ha diluido la energía vital que te animaba. Todavía no estoy preparado para enfrentar algo tan venerable, para esa solemnidad, de modo que, al menos en esta entrada continuaré tomándome la confianza que me regalaste. Además, ni siquiera estoy seguro ahora mismo, mientras escribo, de lo que quiero verbalizar. Sí, ya sé que si pudieras leer estas líneas soltarías una sonora carcajada, pues siempre te divirtieron mucho mis despistes. Tanto me gustaba verte reír que a veces incluso exageraba premeditadamente mi ya bastante aguda confusión, para poder disfrutar de ese placer

En segundo lugar, también me siento indigno de escribir sobre ti, y no precisamente por no ser quien mejor te conocía. Eso es, en cierto modo, irrelevante para lo que me propongo en esta entrada. Curiosamente es ahora cuando sé más cosas de tu vida, y lo que voy descubriendo con ayuda de quien mejor te conoció me está dejando absolutamente pasmado.  Eso es vivir, compañera, y lo demás es cuento

Verás: escribo esto por un motivo: siempre dedicaste unas líneas en tu propia bitácora, ahora silenciada, para transmitirnos tu experiencia de la vida y la muerte en Can Catarí y su entorno sin saber que el fenómeno, para el que estabas perfectamente preparada, te tocaría pronto directamente, tan pronto. Esa costumbre tuya me mueve a dejar un registro en mi blog a tu nombre, pero no es ese el motivo principal. Resulta que hace unos días, cuando unos cuantos nos reunimos para celebrar tu vida, permitiendo que se exteriorizaran nuestros sentimientos y nuestras emociones, formulé una especie de declaración: no recuerdo mis palabras exactas, pero sé que dije, o al menos quise decir, que la forma natural de dar continuidad a tu expresión vital es continuar con tu trabajo de la manera más responsable posible. No es que fuera un voto premeditado, pero ahora, al recordar, pienso que en cierto modo es eso lo que fue

Para empezar a cumplir, nada mejor que escribir unas líneas sobre ti para reavivar este blog. Hay quien siente que ahora ve con tus ojos, y lo comprendo perfectamente. Yo, de momento, te cedo mis labios y mi virtual pluma con la esperanza de que puedan trasmitir dignamente algo de la inspiración que a través de ti ha manado, como maestra, y la que hemos recibido juntos, como condiscípulos, aderezada con tu especial sensibilidad

Y basta ya de sentimentalismos, que el viento pega fuerte a popa, la mar está revuelta y amenaza tormenta. ¡Avante a toda máquina!

sábado, 29 de enero de 2011

¡Emergencia!


Según el diccionario (on line) de la Real Academia Española de la Lengua, vigésima segunda edición, la palabra “emergencia” puede significar: 1) Acción y efecto de emerger; 2) Suceso, accidente que sobreviene; 3) Situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata. Se completan estas acepciones con la información de que en Guatemala, Puerto Rico y Venezuela, también recibe este nombre el departamento de los hospitales que en otros países denominamos “urgencias”, y la atención médica que en ellos se presta. En Puerto Rico, además, se denomina así al freno de mano

Siempre he pensado que la etimología de las palabras, su significado, su uso y su evolución, dice mucho de los vicios y virtudes que subyacen a la mentalidad que las crea y utiliza, y me llaman mucho la atención los fenómenos de polisemia, de ambivalencia de significados. Generalmente pasan desapercibidos ante nuestra mente discriminadora y aficionada a las etiquetas, se aceptan si más, sin que sirvan de reclamo para la curiosidad, y se usan con mayor o menor precisión según la cuota de acervo cultural de cada cual. Pero también tiendo a creer que estas aparentes casualidades a veces son signos de que aún queda en el inconsciente (colectivo, puntualizaría Jung) algún vestigio de cuando contemplábamos el mundo, si no sin identidad, con identidad menos arraigada

Y a propósito, precisamente, de contemplar, de identidades y de arraigos, cuando practico la contemplación se hace evidente desde el principio el carácter delusorio de “mi” identidad, como esos mensajes holográficos imaginados en las películas de ciencia – ficción, con una apariencia de realidad que queda desenmascarada cuando hay fluctuaciones e interferencias. Y tras darle esquinazo a esa identidad, siquiera sea por un instante, se descargará, si todo sale según lo previsto, en mi memoria, la experiencia de una fuente de sensibilidad “emergente”, sólo esporádica y aparentemente existente, podríamos decir si nos empeñamos en seguir sirviéndonos del lenguaje, una emergencia que - perdón por el juego de palabras – la Naturaleza ha diseñado para emerger sólo ante una emergencia

Y a propósito de ciencia – ficción, también podríamos imaginar a un extraterrestre en misión oficial en nuestro planeta, procedente de una cultura sin identidad alarmada por los desastres naturales que estamos provocando, que, de manera pacífica, intentara explicarnos la causa raíz que nos ha llevado a convertir el regalo de la evolución en la gran masa moribunda que ahora es. ¿Qué nos diría?

Si procede de un ecosistema similar a los que conocemos, y si su especie no ha desarrollado esa identidad que llevaría a sus miembros a creerse individuos aislados del entorno natural, es seguro que gozaría de la habilidad natural e inconsciente de emplear el mínimo de recursos y energía para un determinado propósito, como mandan los cánones de la Naturaleza y de todas las criaturas vivas. Y si se diera el supuesto de que el interlocutor terrícola elegido sólo pudiera utilizar para comunicarse la lengua española, tras echar un vistazo al diccionario (y, dicho sea de paso, no sorprenderse lo más mínimo por la polisemia apuntada al inicio de esta entrada) tal vez nos diría, rápidamente y sin concesiones literarias, pues el tiempo apremia, algo así:

“Ustedes no son realmente lo que creen que son, ni tienen esa aparente existencia continua a la que tanto se apegan. La Naturaleza ha desarrollado en su planeta un sofisticado sistema de detecciones, validaciones y correcciones de los pulsos energéticos para beneficio del conjunto de la biodiversidad que sólo tiene como fin la perpetuación de la vida. Como especie, los humanos tienen dentro de ese entramado una función específica suplementaria, pues su sistema natural no sólo reacciona ante las amenazas para la supervivencia de los aparentes individuos humanos, de sus crías y de su clan biológico como ocurre con otros seres vivos. Además, la especie humana tiene por naturaleza la habilidad de detectar lo que amenaza la supervivencia del ecosistema, del entorno natural que es fuente de todas las formas de vida, y de corregir sus desequilibrios”

Al ver la cara del interlocutor, tal vez el extraterrestre pensara: “esto no va bien. Me estoy enrollando demasiado, y la misión peligra. De hecho, el terrícola ya está conteniendo los primeros bostezos”. Entonces, tras echar otro vistazo al diccionario y decidir la conveniencia de abreviar, tal vez dijera:

“ustedes realmente son una emergencia que la evolución ha creado para responder ante las emergencias, y que por tanto sólo debería emerger en caso de emergencia. Sin embargo no ha sido así, pues han convertido la ilusión instrumental de la identidad en una delusión y han llegado a creerse separados del resto de la vida y con existencia continua. Esa delusión se ha enseñoreado en sus vidas, y nunca se sienten cómodos, ni seguros ni protegidos ni estimados y han generado una insaciable codicia, una perpetua inseguridad, una ansiedad que les ahoga y un irrefrenable afán de poder, llegando a creer apropiable y consumible a la fuente misma de la vida. Ahora, ustedes son la emergencia, y por su acción toda la Naturaleza está en el departamento de “emergencia”. Por tanto, echen ustedes ya el freno de mano, o la vida dejará de emerger para siempre en esta parte del sistema solar”

Y, seguramente, tras abrir los ojos, que el extraterrestre mantendría posiblemente cerrados por la profundidad de su discurso y por la trascendencia del mismo, y tras mirar en derredor, exclamaría alarmado: ¡Maldita sea! ¡Si estoy hablando solo!

martes, 11 de enero de 2011

Máster en Economía Avanzada


Poco después de escribir la entrada sobre la obsolescencia programada, “casualmente” se ha emitido por televisión un documental sobre el tema, en el que se expone el momento y la forma en que algunas empresas comenzaron ocultamente a convenir estas artimañas y cómo posteriormente algunos teóricos de la economía “reciclaron” la práctica presentándola como imprescindible para la expansión de la demanda, la creación de empleo y el crecimiento. Una frase me quedó grabada, una frase que incorpora una gran verdad: en la Naturaleza no se generan residuos, sólo nutrientes

Ahora nos echamos las manos a la cabeza, no tanto por ver el resultado de nuestra codicia en la Naturaleza, visión que siempre estuvo delante de nuestras narices, sino por el temor ante el agotamiento de los recursos naturales no renovables y el impacto previsible sobre el alocado modo de vida de quienes gozamos del dudoso privilegio de habitar en la parte “rica” del hemisferio norte, mientras enviamos nuestros residuos al hemisferio sur porque en esta parte del mundo ya no caben y reprochamos a los habitantes de la sección de “países emergentes” que destruyan sus bosques como nosotros lo hicimos, que envíen ingentes cantidades de productos contaminantes a la atmósfera como nosotros lo hicimos, y que no sean capaces de vivir sin destrozar su propio sustento vital natural como nosotros no supimos, y todo por el terrible pecado de aspirar a un falso bienestar como el nuestro, a una promoción “social” como la nuestra, y de querer copiarnos en esa alocada carrera por satisfacer deseos que generan nuevas insatisfacciones, por adquirir y poseer cosas innecesarias para aplicarlas a falsas necesidades sosteniendo un entramado industrial y de servicios que a su vez demanda, para su supervivencia, que la locura consumista no cese

Y ahora, cuando descubrimos, aunque sea intelectualmente, con una buena dosis de cinismo y por motivos egoístas, que llevamos toda la historia construyendo una locura, enfermedad que nos ha llevado a una fase terminal, y pese a las explicaciones que he intentado ofrecer en este blog sobre las raíces biológicas y psicológicas sobre las que ha crecido esta deformada planta, sigo asombrándome, por una parte, al contemplar el funcionamiento tan eficiente, tan precisamente eficiente de la Naturaleza, y por otra al no comprender aún profundamente – o al no ser todavía capaz de asimilar mentalmente – el proceso por el que hemos creado nuestra delusoria escisión de ella. Podría haber sido muy distinto, porque todos los secretos estaban allí. No siquiera hacía falta pensar, bastaba con contemplar. De hecho, así ocurrió, al parecer, hasta hace entre 12000 y 15000 años

Las protagonistas del siguiente video no se han graduado en ninguna Universidad. No tienen una inteligencia comparable al más mediocre de los seres humanos – de hecho, ni siquiera son conscientes de sí mismas - ni son famosas, al margen del imaginario humano, por su innovación en actividades económicas o corporativas. Sin embargo llevan casi una eternidad formando parte de la naturaleza e integradas en sus procesos, sin propósito específico (tampoco son capaces de tener propósitos), para lo que les basta y les sobra con sus impulsos naturales, con los que siempre tuvieron resuelto el problema de vivir sin generar “externalidades” negativas para el medio ambiente. Si han participado en algún desequilibrio natural ha sido, o bien como consecuencia de acciones humanas, o bien ante la omisión humana, pues precisamente ostentamos la función natural de corregir desequilibrios, aunque seamos actualmente más diestros en provocarlos

Sólo es un ejemplo, pero hay millares ante nuestros ojos todos los días. Por ello creo firmemente que el secreto no está en las sofisticadas teorías de la llamada “ciencia económica”, ni en complejos sistemas de ecuaciones, ni en avanzadas utilidades cibernéticas. Todo eso está muy bien como herramienta de apoyo, pero creo que habría que empezar por contemplar la Naturaleza como si la viéramos por primera vez, con asombro, con sensibilidad y con respeto. ¡Ah! Y sin mente, que eso ya vendrá después